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Ruina y construcción de la Nueva Jerusalén en la música

Ahora es tiempo de gracia, ahora es tiempo de salvación. La actualización (=pasar a acto, consumación de la potencialidad) de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, que es el núcleo de la vida cristiana, se opera en todas las misas del año y por extensión en las acciones de la Iglesia en cuanto tal, pero adquiere una eficacia muy especial en estos días de su conmemoración litúrgica.

Al igual que en la pasada Navidad, comparto con los lectores unos pequeños vídeos que hemos elaborado en la parroquia de El Salvador de Pamplona. La Hermandad de la Pasión de esta ciudad pidió a diversas parroquias el apadrinamiento de un paso de los que normalmente suelen sacarse en la procesión del Viernes Santo, que este año tampoco podrá celebrarse por causa del virus.

Dado que a la parroquia de El Salvador ha correspondido apadrinar el paso de la oración de Jesús en el Huerto de los Olivos, hemos optado por asociar a este paso al modo en que la tradición litúrgica del rito romano ha conmemorado este momento de la Pasión del Señor. Para ello, de entre el inagotable tesoro de la música creada a través de los siglos para la liturgia de la Iglesia, hemos acudido al comienzo de los maitines de Jueves Santo. Después de tres salmos con sus antífonas respectivas, aparecen en el ritual tradicional tres pasajes de las Lamentaciones seguidos de sendos responsorios. Hemos elegido la primera lamentación y el primer responsorio asociado a ella, que evoca explícitamente la oración de Jesús en el Huerto de los Olivos. En los vídeos aparece el texto latino original junto con la traducción al español, de modo que nadie pueda perderse nada de su contenido.

El pasaje de las Lamentaciones es cantado conforme a las bellísimas melodías de la antigua tradición hipánica, tal y como se han conservado en un códice de Silos. El responsorio es debido a Giovanni Croce (1557-1609), miembro destacado de la generación puso en práctica la reforma de la música litúrgica dispuesta por el Concilio de Trento, cuyos frutos han quedado como modelo perenne de lo que debe ser la música litúrgica distinta del canto gregoriano.

Para poder comprender y vivir con más intensidad la verdad y belleza que atesoran estas piezas, ofrezco a los lectores una puesta en situación en lo referente a los textos.

Las Lamentaciones tratan acerca de la devastación de Jerusalén en el siglo VI antes de Cristo. La destrucción de Jerusalén, en el caso de no abandonar sus maldades, había sido anunciada por el profeta Jeremías, así como su reconstrucción por la misericordia de Dios. Ambas cosas acontecieron conforme a lo anunciado. En el año 587 el ejército babilonio, a las órdenes de Nabucodonosor, arrasó la ciudad santa y se llevó como cautivos a gran parte de sus moradores, empezando por aquellos que ejercían autoridad. La restauración fue operada años después por el rey persa Darío.

Es sabido que las cosas y narradas en el Antiguo Testamento son en muchos casos figura o anticipación de lo que después sucedería en Jesucristo. El mismo Jesús confirmó esto, como se recoge en los Evangelios: que su cuerpo era el Templo que él iba a destruir y reconstruir en tres días (Juan 2, 19-21); que él era la piedra angular que habían rechazado los arquitectos (salmo 118), etc. Por lo tanto, la  naturaleza humana asumida por la segunda Persona de la Santísima Trinidad en Jesucristo es el nuevo y definitivo Templo donde habita Dios, y donde, una vez reconstruido, o más bien no construido por manos de hombre (Cf. Hebreos 9, 11) , recibe el culto perfecto. Así es como acaba el salmo 50, el penitencial por excelencia:

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos,

sobre tu altar se inmolarán novillos.

La destrucción de Jerusalén por Babilonia es el castigo debido en justicia por sus maldades, de las que no se arrepintió ni apartó. Lo mismo se dice en el salmo 118 :

Me castigó, me castigó el Señor,

pero no me entregó a la muerte.

De modo que el mismo Dios, encarnado en el cuerpo humano de Jesús, aplica y recibe el castigo merecido en justicia por la montaña de maldad acumulada por los hombres de todos los tiempos y lugares. El fruto es la redención del género humano y no solo el regreso a su felicidad perdida desde el primer pecado, sino su ingreso en la misma condición divina en virtud de la unión en la persona de Cristo de ambas naturalezas, divina y humana. De ahí que el mismo salmo 118, inmediatamente después de lo anterior, añada estos versículos que resuenan con particular fuerza a partir de la Vigilia Pascual:

Abridme las puertas de la salvación,

y entraré para dar gracias al Señor.

Esta es la puerta del Señor,

los vencedores entrarán por ella.

La traducción del texto en los vídeos está acompañada de imágenes que ilustran toda esta profundidad de significado. En el primero de ellos, correspondiente a la Lamentación, aparece evocada la persecución y pasión sufrida actualmente por tantos cristianos en el mundo. Dado que, como repite San Pablo, los cristianos son miembros del Cuerpo de Cristo, en ellos se completa también la Pasión de su Cabeza cuya figura anticiparon las Lamentaciones.

 

Vídeo 1: Pasaje de las Lamentaciones:

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Video 2: Responsorio In monte Oliveti, de Giovanni Croce:

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